Pensamientos

Apliqué la investigación sociológica a diversos campos: política, derecho, economía, música y religión. Junto a Karl Marx, Alexis de Tocqueville, Vilfredo Pareto, Ferdinand Tönnies y Émile Durkheim, fui uno de los fundadores de la sociología moderna. Mientras Pareto y Durkheim trabajamos en la tradición positivista siguiendo los postulados de Auguste Comte, cree y trabaje en una tradición antipositivista, idealista y hermenéutica, al igual que Werner Sombart, mi amigo y para entonces, el más famoso representante de la sociología alemana. Estos trabajos iniciaron la revolución antipositivista en las ciencias sociales, que marcó la diferencia entre éstas y las ciencias naturales, especialmente debido a las acciones sociales de los hombres. Mis primeros trabajos estaban relacionados con la sociología industrial, pero son más conocidos sus últimos trabajos sobre sociología de la religión y sociología del gobierno.

Sociología de la religión

Mi obra sobre sociología de la religión se abre con el ensayo La ética protestante y el espíritu del capitalismo y continúa con La religión en China: confucionismo y taoísmoLa religión de India: la sociología del hinduismo y budismo y Judaísmo antiguo. Mi trabajo sobre otras religiones fue interrumpido por mi muerte en 1920, quedando pendiente la continuación de los estudios sobre judaísmo antiguo con el estudio de los salmos, el libro de Jacob, el Talmud, cristianismo temprano e islam.

Mis tres ideas principales sobre la religión eran: el efecto de las ideas religiosas en las actividades económicas, la relación entre estratificación social e ideas religiosas, y las características singulares de la civilización occidental.

Mi objetivo era encontrar razones que justificaran la diferencia entre el proceso de desarrollo de las culturas Occidental y Oriental. 

Sociología de las políticas y gobierno

Dentro de la sociología de las políticas y gobierno, mí ensayo más significativo es probablemente La política como vocación. En él, revelo la definición de Estado que se ha convertido tan importante en el pensamiento social occidental: que el Estado es la entidad que reclama el monopolio sobre el legítimo uso de la fuerza física. La política se debe entender como cualquier actividad a la que puede dedicarse el Estado para influir sobre la distribución relativa de fuerza. La política, por tanto, se deriva del poder. Un político no debe ser un hombre de la «ética cristiana verdadera», es decir, la de ofrecer la otra mejilla. Alguien partidario de tal ética debería ser considerado como un santo, ya que son únicamente los santos, según lo que pienso, los que la siguen apropiadamente. El reino político no es un reino de santos. Un político ha de abrazar la ética del fin último y la de la responsabilidad, y debe sentir pasión por su advocación y ser capaz de distanciarse él mismo de la materia de sus esfuerzos (los gobernados).

Distingo tres tipos puros de liderazgo político, dominación y autoridad.

Economía

Concedo que el empleo de tipos ideales era una abstracción, pero afirmo que sin embargo era esencial si uno pretendía entender cualquier fenómeno social particular, ya que, a diferencia de los fenómenos físicos, ellos involucran comportamientos humanos que deben ser interpretados por tipos ideales. Esto, junto con mi argumentación antipositivista, puede ser visto como la justificación metodológica para la asunción del hombre económico racional (Homo economicus).

Formulé una teoría de tres componentes de estratificación, cuyos componentes conceptuales son una clase social, un estatus y un partido político.

La clase social se basa en la relación con el mercado determinada económicamente (nivel económico). El estatus se basa en cualidades no económicas, como el honor, el prestigio o la creencia religiosa. El partido hace referencia a las afiliaciones de carácter político.